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 © Felipe Fontecilla     Ingmar try to expand my explorations of perception of darkness to a  extended  cultural narrative. The entire gallery was covered with a membrane that granted absolute darkness, and upon entering the space, one could barely see anything. Yet little by little, the eye would start adjusting, and the monumental black rectangle would gradually begin to appear. In that moment, one could see the room, but the screen remained obscured to the eye. What could be seen on the screen was the perceptive system itself, one’s own body turning into the projector of an intrinsic blind film, in order to then walk around the room and discover Death’s message declaring that there’s nothing to reveal, that the piece’s obscured reverse was already the sculpture’s protagonist presence.  The adaptation mechanism that one’s vision experiences in the dark is what gives the piece its particular performance quality, where the perceptive script —the artwork’s apparition— is given by the very observer, and not by some artificial illumination control mechanism. Thus, the darkness pieces present a performance, an action in time, yet their timing is not pre-established by the exhibition venue but rather, by the visitor’s entrance and the activation of his or her own vision.      Ingmar intenta expandir mis exploraciones de la percepción de la oscuridad a una narrativa cultural ampliada. Se cubrió toda la galería con una membrana que aseguraba oscuridad absoluta y entrando al espacio uno apenas podía ver, pero al poco tiempo el ojo comenzaba a ajustarse y el monumental rectángulo negro comenzaba a aparecer. En ese momento se podía ver la sala, pero la pantalla permanecía a oscuras para el ojo. Lo que se veía en la pantalla era el propio sistema perceptivo, el propio cuerpo convirtiéndose en el proyector de una propia película ciega, para luego recorrer la sala y descubrir el mensaje de la muerte aclarando que no hay nada que revelar, que la espalda a oscuras de la obra ya es la presencia protagonista en la escultura.    Este mecanismo de adaptación de la visión en la oscuridad es el que permite la particular performatividad de la obra, donde el guión perceptivo - el aparecer del trabajo - es dado por el propio observador y no por un mecanismo artificial para el control de la iluminación. Es así como las obras de oscuridad presentan una performance, una acción en el tiempo, pero que su itineraria no esta preestablecida por el lugar de exhibición sino por la entrada del propio visitante y la activación de su propia vista.

© Felipe Fontecilla

 

Ingmar try to expand my explorations of perception of darkness to a extended cultural narrative. The entire gallery was covered with a membrane that granted absolute darkness, and upon entering the space, one could barely see anything. Yet little by little, the eye would start adjusting, and the monumental black rectangle would gradually begin to appear. In that moment, one could see the room, but the screen remained obscured to the eye. What could be seen on the screen was the perceptive system itself, one’s own body turning into the projector of an intrinsic blind film, in order to then walk around the room and discover Death’s message declaring that there’s nothing to reveal, that the piece’s obscured reverse was already the sculpture’s protagonist presence.

The adaptation mechanism that one’s vision experiences in the dark is what gives the piece its particular performance quality, where the perceptive script —the artwork’s apparition— is given by the very observer, and not by some artificial illumination control mechanism. Thus, the darkness pieces present a performance, an action in time, yet their timing is not pre-established by the exhibition venue but rather, by the visitor’s entrance and the activation of his or her own vision.

 

Ingmar intenta expandir mis exploraciones de la percepción de la oscuridad a una narrativa cultural ampliada. Se cubrió toda la galería con una membrana que aseguraba oscuridad absoluta y entrando al espacio uno apenas podía ver, pero al poco tiempo el ojo comenzaba a ajustarse y el monumental rectángulo negro comenzaba a aparecer. En ese momento se podía ver la sala, pero la pantalla permanecía a oscuras para el ojo. Lo que se veía en la pantalla era el propio sistema perceptivo, el propio cuerpo convirtiéndose en el proyector de una propia película ciega, para luego recorrer la sala y descubrir el mensaje de la muerte aclarando que no hay nada que revelar, que la espalda a oscuras de la obra ya es la presencia protagonista en la escultura.

Este mecanismo de adaptación de la visión en la oscuridad es el que permite la particular performatividad de la obra, donde el guión perceptivo - el aparecer del trabajo - es dado por el propio observador y no por un mecanismo artificial para el control de la iluminación. Es así como las obras de oscuridad presentan una performance, una acción en el tiempo, pero que su itineraria no esta preestablecida por el lugar de exhibición sino por la entrada del propio visitante y la activación de su propia vista.

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Ingmar try to expand my explorations of perception of darkness to a extended cultural narrative. The entire gallery was covered with a membrane that granted absolute darkness, and upon entering the space, one could barely see anything. Yet little by little, the eye would start adjusting, and the monumental black rectangle would gradually begin to appear. In that moment, one could see the room, but the screen remained obscured to the eye. What could be seen on the screen was the perceptive system itself, one’s own body turning into the projector of an intrinsic blind film, in order to then walk around the room and discover Death’s message declaring that there’s nothing to reveal, that the piece’s obscured reverse was already the sculpture’s protagonist presence.

The adaptation mechanism that one’s vision experiences in the dark is what gives the piece its particular performance quality, where the perceptive script —the artwork’s apparition— is given by the very observer, and not by some artificial illumination control mechanism. Thus, the darkness pieces present a performance, an action in time, yet their timing is not pre-established by the exhibition venue but rather, by the visitor’s entrance and the activation of his or her own vision.

 

Ingmar intenta expandir mis exploraciones de la percepción de la oscuridad a una narrativa cultural ampliada. Se cubrió toda la galería con una membrana que aseguraba oscuridad absoluta y entrando al espacio uno apenas podía ver, pero al poco tiempo el ojo comenzaba a ajustarse y el monumental rectángulo negro comenzaba a aparecer. En ese momento se podía ver la sala, pero la pantalla permanecía a oscuras para el ojo. Lo que se veía en la pantalla era el propio sistema perceptivo, el propio cuerpo convirtiéndose en el proyector de una propia película ciega, para luego recorrer la sala y descubrir el mensaje de la muerte aclarando que no hay nada que revelar, que la espalda a oscuras de la obra ya es la presencia protagonista en la escultura.

Este mecanismo de adaptación de la visión en la oscuridad es el que permite la particular performatividad de la obra, donde el guión perceptivo - el aparecer del trabajo - es dado por el propio observador y no por un mecanismo artificial para el control de la iluminación. Es así como las obras de oscuridad presentan una performance, una acción en el tiempo, pero que su itineraria no esta preestablecida por el lugar de exhibición sino por la entrada del propio visitante y la activación de su propia vista.

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 © Felipe Fontecilla     Ingmar try to expand my explorations of perception of darkness to a  extended  cultural narrative. The entire gallery was covered with a membrane that granted absolute darkness, and upon entering the space, one could barely see anything. Yet little by little, the eye would start adjusting, and the monumental black rectangle would gradually begin to appear. In that moment, one could see the room, but the screen remained obscured to the eye. What could be seen on the screen was the perceptive system itself, one’s own body turning into the projector of an intrinsic blind film, in order to then walk around the room and discover Death’s message declaring that there’s nothing to reveal, that the piece’s obscured reverse was already the sculpture’s protagonist presence.  The adaptation mechanism that one’s vision experiences in the dark is what gives the piece its particular performance quality, where the perceptive script —the artwork’s apparition— is given by the very observer, and not by some artificial illumination control mechanism. Thus, the darkness pieces present a performance, an action in time, yet their timing is not pre-established by the exhibition venue but rather, by the visitor’s entrance and the activation of his or her own vision.      Ingmar intenta expandir mis exploraciones de la percepción de la oscuridad a una narrativa cultural ampliada. Se cubrió toda la galería con una membrana que aseguraba oscuridad absoluta y entrando al espacio uno apenas podía ver, pero al poco tiempo el ojo comenzaba a ajustarse y el monumental rectángulo negro comenzaba a aparecer. En ese momento se podía ver la sala, pero la pantalla permanecía a oscuras para el ojo. Lo que se veía en la pantalla era el propio sistema perceptivo, el propio cuerpo convirtiéndose en el proyector de una propia película ciega, para luego recorrer la sala y descubrir el mensaje de la muerte aclarando que no hay nada que revelar, que la espalda a oscuras de la obra ya es la presencia protagonista en la escultura.    Este mecanismo de adaptación de la visión en la oscuridad es el que permite la particular performatividad de la obra, donde el guión perceptivo - el aparecer del trabajo - es dado por el propio observador y no por un mecanismo artificial para el control de la iluminación. Es así como las obras de oscuridad presentan una performance, una acción en el tiempo, pero que su itineraria no esta preestablecida por el lugar de exhibición sino por la entrada del propio visitante y la activación de su propia vista.
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